TESTIMONIOS PACIENTES CON DOLOR

Conoce el testimonio de personas que viven con dolor. No estás solo.

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Rodrigo González

Conoce la historia de Rodrigo González, paciente chileno con dolor crónico. El apoyo de su familia y encontrar ayuda médica han sido fundamentales en su tratamiento.

María Virginia Navarro

María Virginia quiso compartir su experiencia como paciente con dolor crónico. Después de mucho tiempo en tratamiento, finalmente hoy puede decir que está en recuperación.

Gisela

Gisela padece dolor crónico, como descargas eléctricas, lo que limita su vida laboral y personal. Después de probar con diversos medicamentos, consultó a un especialista en terapias del dolor y está barajando los tratamientos que existen para mejorar su calidad.

Gloria

Los dolores de Gloria comenzaron a intensificarse con el tiempo, dolores en la cara como fuego debajo de la piel y miles de aguja incandescentes. Los médicos no sabían qué sucedía, y su vida se vio afectada producto del dolor constante.

Alberto

Alberto sufría de un dolor de espalda, como una quemadura solar. Cada vez empeoraba más y más, como tuviera agujas que quemaban, y que afectaban su calidad de vida.

Cristián

Cristián es carpintero. Hace 2 años comenzó con dolores en la espalda baja, como un cuchillo y agujas afiladas que atravesaban su espalda. A veces, los dolores eran tan fuertes que le impedían caminar normalmente.

Joe

Desde que comenzó a sufrir dolores de espalda, Joe comenzó a sentirse limitado. Con una sensación de ardor y puntadas, su calidad de vida se vio afectada. Ni antiinflamatorios ni fisioterapia le ayudaron, hasta que revisó estudios sobre el componente neuropático en el dolor crónico.

Enrique

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Me llamo Enrique y tengo 60 años.

Tengo mi propio negocio y a veces trabajo durante muchas horas. Habitualmente juego al squash y al críquet, y hago senderismo cuando puedo. Aunque no me describiría como un fanático de la vida sana, intento cuidarme y vigilar lo que como.

Hace tres años me tuve que someter a una operación de hernia inguinal, y pensaba que no me afectaría ni a mí ni a mi vida.

Pero desde entonces tengo un dolor quemante y punzante en torno a la zona de la ingle. La sensación es como de una quemadura solar que no se me pasa, como si me ardiera la piel. No puedo permanecer sentado durante mucho tiempo, o caminar sin dolor.

La zona es extremadamente sensible al tacto, por lo que actividades básicas como vestirme, son realmente dolorosas, y la sensación de la ropa rozando mi piel se hace insoportable.

He acudido a numerosos médicos y he recibido tratamientos con diversos medicamentos, incluso con láser, pero nada , realmente, me ha ayudado a reducir la sensación de dolor. Es algo realmente molesto y me hace la vida muy incómoda, porque afecta a mi capacidad para trabajar y realizar las cosas que me gustan.

Rosa

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Me llamo Rosa considero que soy una persona bastante activa para mis 70 años.

Ahora soy menos independiente, ya que hace siete meses me diagnosticaron cáncer de mama y me he tenido que ir a vivir con mi hija. A pesar de ello, intento salir todo lo que puedo y quedo con mis amigos para tomar café y charlar.

Debido a la quimioterapia, a veces no me encuentro bien y no puedo hacer todo lo que me gustaría. Al iniciar la quimioterapia tuve una infección por herpes Zóster y, aunque el sarpullido desapareció, aún sigo con dolor. Tengo la sensación de tener un hormigueo que es insoportable. El dolor es palpitante, como una sensación similar a una descarga eléctrica. A veces el dolor es tan fuerte que se me saltan las lágrimas.

El dolor me afecta a la zona del abdomen, y empeora con el contacto de la ropa o las sábanas. A veces me encuentro cansada y deprimida por ello, aunque siempre intento sobrellevar las cosas lo mejor que puedo.

Ana

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Me llamo Ana y soy arquitecta, un trabajo que puede ser duro y requiere una gran concentración, pero es realmente gratificante.

Soy hipertensa y tomo un tratamiento que parece controlarlo bastante bien. Hace aproximadamente un año sufrí un herpes zoster y , tres meses después me diagnosticaron neuralgia post herpética.

Como secuela me quedó un dolor muy agudo en una zona de la espalda, era como tener agujas o un hierro incandescente bajo la piel no soportaba que nada me rozara. El dolor era tan fuerte que parecía como si una araña estuviera recorriendo mi piel, no lo podía soportar. Mi médico me recetó un medicamento que me dejaba somnolienta, como si tuviera resaca y además, estaba cansada debido a la falta de sueño.

Aunque parece que la zona afectada por este dolor se ha reducido, aún me genera muchos problemas, como el dolor que me produce llevar sujetador. El dolor y los efectos del tratamiento afectan a mi capacidad de concentración, y esto afecta a mi trabajo.

Quizá es por tener 50 años, pero cada vez soy más impaciente con los problemas de salud y no sé por qué parece que no puedo encontrar un tratamiento que me ayude.